Vivir más y mejor

Mitos y verdades acerca de la soja
Artículo publicado en El Corrego Gallego
22 de Marzo de 2015

La preocupación por mantener una alimentación sana que nos permita vivir más y mejor es una constante en nuestra sociedad. El procesamiento industrial de los alimentos, el empleo de aditivos químicos, la difusión de alimentos precocinados, entre otros muchos factores ya integrados en nuestra sociedad actual hacen que cada día muchos nos preocupemos por buscar alternativas más saludables. De ahí surge la proliferación de establecimientos de productos ecológicos o la invasión en las estanterías de los supermercados de multitud de alimentos enriquecidos con distintas sustancias que, en teoría, aportan un beneficio para nuestra salud. Una de estas sustancias es la soja.

No cabe duda de que la soja es un alimento nutricionalmente interesante por su alto contenido en proteínas, grasas poliinsaturadas, fibra, vitaminas y minerales. En muchas culturas, fundamentalmente asiáticas, se emplea la soja como sustituto de proteínas de origen animal, algo que progresivamente se está introduciendo en el mundo occidental.

Pero aparte de sus propiedades nutricionales, la soja se nos presenta frecuentemente como un producto con propiedades terapéuticas. Un ejemplo de ello es la recomendación ya clásica de emplear la soja en mujeres menopáusicas, en la dieta o en forma de suplementos, para reducir los sofocos y evitar problemas frecuentes a esa edad como la osteoporosis. También se ha sugerido que una dieta rica en soja es capaz de reducir los niveles de colesterol en sangre, de bajar la tensión arterial y de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Más controvertido ha sido, por su posible efecto estrogénico, el papel de la soja en el riesgo de cáncer de mama. De hecho, mientras algunos profesionales de la salud recomiendan la soja en mujeres con riesgo familiar o antecedentes personales de cáncer de mama, otros la contraindican.

¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Qué podemos esperar de una dieta rica en soja?

La evidencia científica actual, basada en un amplio número de estudios de investigación epidemiológica y clínica, permite confirmar que la soja, ya sea en la dieta o en forma de suplementos, no es eficaz en el tratamiento de los síntomas de la menopausia. Olvídese de esa posibilidad. Sin embargo, una dieta rica en soja sí se asocia a un menor riesgo cardiovascular, y esto se debe una reducción de los niveles de colesterol LDL y de la tensión arterial. Además, las personas que ingieren una dieta rica en soja frecuentemente reducen la ingesta de proteínas y grasas animales, lo que redunda en una mayor salud cardiovascular.

Y ¿cuál es la evidencia sobre el efecto de la soja en el riesgo de cáncer de mama? Los conceptos claves son, primero, que una dieta rica en soja iniciada en la adolescencia reduce el riesgo de cáncer de mama en la edad adulta. Segundo, que la soja no tiene efecto estrogénico en humanos y, por tanto, que las reticencias para su consumo en mujeres con cáncer de mama o con alto riesgo de presentarlo son infundadas. De hecho, los estudios de investigación más recientes sugieren que la soja en la dieta reduce el riesgo de recidiva de este cáncer en mujeres que ya lo han padecido. Pero la ciencia todavía no ha completado el círculo. Hoy por hoy desconocemos si los productos modernos con soja procesada tienen el mismo efecto que la soja natural en la dieta. Probablemente no. Tampoco sabemos cuál es la cantidad de soja recomendable, sobre todo porque altas dosis pueden no ser seguras. Por ello, la soja en forma de suplementos no debe ser recomendada. Quizás la ingesta más recomendable sea la de 20-25 gramos de proteína de soja al día pero, en cualquier caso, no se obsesione. Lo importante, como siempre, es mantener una dieta variada y equilibrada y, en ella, la soja es un elemento más a tener en cuenta.