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Sobrepeso y obesidad: Más allá de dietas y ejercicio
Artículo publicado en El Corrego Gallego
8 de Marzo de 2015

Pensar que el sobrepeso y la obesidad son simplemente el resultado de un desequilibrio entre las calorías que se ingieren con la comida y las que el organismo necesita y gasta con la actividad diaria es demasiado simplista. Las causas de la obesidad son sin duda más complejas y de ello iremos hablando próximamente en esta misma columna de El Correo Gallego. Conociendo las causas es más fácil combatirla.

La sensación de hambre es uno de los mecanismos fisiológicos necesarios para asegurar una ingesta adecuada que permita una actividad normal de nuestro organismo. Pero usted sabe que cuando tenemos hambre no siempre nos apetece lo mismo y, sobre todo, no a todos nos apetece lo mismo. Cuando tenemos hambre, a algunos nos apetecen alimentos dulces o grasos e hipercalóricos, mientras que otros tendemos a preferir comidas ligeras más saludables. Esta preferencia se origina en el cerebro.

Nuestro cerebro funciona en base a un sistema de recompensas que podemos medir mediante, por ejemplo, técnicas de resonancia magnética funcional. Los sujetos obesos presentan frecuentemente una hiperactivación del sistema cerebral de recompensa que favorece la preferencia por comidas hipercalóricas, en detrimento de comidas bajas en calorías. En estas circunstancias, elegir una comida baja en calorías supone un esfuerzo.

Les comentaba hace un par de semanas que recuperar el peso idóneo significa cambiar los hábitos de vida y de alimentación por otros más saludables que, además, y ésta es la clave, puedan ser mantenidos a lo largo de los años. Cualquier dieta supone habitualmente un esfuerzo que no es fácil mantener a largo plazo, entre otras cosas porque nuestro cerebro nos lleva a recompensarnos por otro tipo de comidas. Esto explica, al menos en parte, por qué las personas obesas prueban innumerables dietas a lo largo de su vida y, aunque durante el tiempo que mantienen el esfuerzo consiguen perder peso, al final suelen abandonar y terminan por recuperarlo.

Hoy sabemos lo importante que es reeducar nuestro cerebro para invertir el sistema de recompensas, de forma que lleguemos a hiperactivarlo ante comidas más sanas. Las personas que eran obesas y que han conseguido esto, de forma que les dejan de apetecer las comidas que engordan y que, cuando tienen apetito prefieren comidas bajas en calorías son aquellas que tienen éxito y consiguen mantener su peso ideal.

Los tratamientos para perder peso, por lo tanto, no pueden simplemente basarse en acciones heroicas con dietas estrictas acompañadas de ejercicio físico. Estos tratamientos deben tener en cuenta nuestro comportamiento, nuestras preferencias, nuestros hábitos y, a través de programas específicos, ser capaces de cambiarlos para que mantener una vida sana no suponga un esfuerzo sino un placer. Es entonces cuando habremos ganado la batalla.