Vivir más y mejor

Por un puñado de nueces
Artículo publicado en El Corrego Gallego
24 de Mayo de 2015

Las nueces, al igual que otros frutos secos como las almendras, los anacardos o los pistachos, son ricos en una variedad de nutrientes como vitaminas E y B6, ácidos grasos insaturados, fibra y minerales esenciales como el cobre, el magnesio o el zinc. Tanto la vitamina E como los ácidos grasos insaturados tienen un efecto antioxidante y anti-inflamatorio, por lo que clásicamente se ha sugerido que las nueces ejercen un efecto positivo sobre nuestra salud. De hecho, diversos estudios demostraron hace algunos años que el consumo habitual de nueces reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular y de diabetes. Además, añadir una ración de 30g de frutos secos al día a la dieta mediterránea es más eficaz para reducir la presión arterial que la típica dieta baja en grasas que habitualmente se aconseja en estos casos.

Por otro lado, el efecto antioxidante y anti-inflamatorio de las nueces se ha sugerido como mecanismo para explicar el conocido efecto protector que tienen estos frutos secos sobre el desarrollo de cáncer. Lo que quedaba por saber es si todos estos efectos beneficiosos para la salud eran simplemente efectos menores o si realmente el consumo habitual de nueces podría reducir la mortalidad en general, y básicamente la mortalidad por eventos cardiovasculares como el infarto de miocardio, o por cáncer. Pedirle esto a un alimento es pedirle mucho. Por ponerle un ejemplo, muchos medicamentos que han demostrado su efecto beneficioso en determinadas enfermedades, y que por ello se prescriben habitualmente para su tratamiento, no consiguen reducir de manera significativa la mortalidad asociada a las mismas.

Este mismo año se han publicado los resultados de importantes estudios que han evaluado el efecto del consumo habitual de nueces y otros frutos secos sobre la mortalidad global. En uno de ellos participaron más de veinte mil personas con una edad media de 65 años, que fueron seguidas durante diez años. Casi tres mil fallecieron en ese tiempo. Pues bien, aquellas personas que consumieron habitualmente nueces u otros frutos secos llegaron a reducir el riesgo de muerte por cualquier causa en un 26%. El efecto, además, dependía de la cantidad de nueces consumidas. De esta forma, comer nueces todos los días es mejor que comerlas dos a cuatro veces a la semana, esto mejor que una vez a la semana, y una vez a la semana mejor que de una a tres veces al mes.

Una reciente revisión y análisis de toda la evidencia científica al respecto, que incluye el estudio de casi cuatrocientas mil personas, confirma que el consumo diario de nueces y otros frutos secos se asocia a una reducción del riesgo de fallecer por cualquier causa de un 27%, de fallecer por evento cardiovascular de un 40% y de un 14% de fallecer por cáncer. Un efecto muy llamativo.

En una época en la que nos obsesionamos por incluir en nuestro carrito de la compra alimentos enriquecidos con omega-3, vitaminas y antioxidantes, de mayor precio y dudoso beneficio; en una época en la que la compra de productos naturales de herboristería o parafarmacia se multiplica, con la ilusión de mejorar nuestra salud y prevenir distintas enfermedades, sin que existan estudios que demuestren este beneficio; en esta época, de búsqueda continua de la salud eterna, pensar que algo tan simple como añadir nueces y otros frutos secos a nuestra dieta mediterránea puede tener un efecto tan relevante sobre el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y cáncer y, sobre todo, sobre el riesgo de morir por ellas, es más que llamativo. Ya ve. Podemos reducir el riesgo de enfermedades graves. Podemos reducir el riesgo de fallecer como consecuencia de las mismas. Todo por un puñado de nueces.