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Obesidad y flora intestinal (I)
Artículo publicado en El Corrego Gallego
12 de Abril de 2015

Les comenté hace algunas semanas en este mismo espacio que me ofrece El Correo Gallego, que el sobrepeso y la obesidad no son el simple desequilibrio entre las calorías que se ingieren y las que se consumen mediante nuestro metabolismo y actividad física. Muy al contrario, sobrepeso y obesidad son la consecuencia de una compleja interacción entre factores genéticos, ambientales, socio-económicos y dietéticos. En este contexto, en los últimos años está adquiriendo una relevancia especial, y a la vez muy interesante, el papel de la flora intestinal, más correctamente denominada microbiota.

Debe saber que en nuestro intestino tenemos diez veces más microorganismos constituyendo la flora intestinal que células en todo nuestro cuerpo. Esta microbiota codifica 150 veces más genes que todo el genoma humano, lo cual le permite realizar funciones metabólicas que no  puede realizar nuestro organismo. Una flora intestinal normal, además, está constituida por unas 500 a 1000 especies bacterianas diferentes. Lo interesante es que esta composición de bacterias es distinta en cada persona, de forma que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia microbiota. La flora intestinal se desarrolla en las primeras semanas o meses de vida tras el nacimiento, pero se ve afectada a lo largo de los años por factores como la edad, la dieta, la toma de antibióticos o la presencia de distintas enfermedades y, por tanto, es modificable.

¿Por qué les hablo de microbiota en este artículo sobre obesidad? Simplemente porque hay estudios que demuestran que la obesidad se asocia a tipos concretos de flora intestinal. De hecho, la composición de la microbiota de los sujetos obesos difiere de la que tienen personas delgadas o con peso normal.

¿Y cómo puede la flora intestinal influir en el peso corporal? Se conocen distintos mecanismos a través de los cuales la microbiota puede estar involucrada en la ganancia de peso. Uno de estos mecanismos es que las bacterias intestinales son capaces de extraer calorías de los nutrientes que no hemos digerido y absorbido. Nutrientes que en condiciones normales se eliminarían con las heces son recuperados por la flora intestinal y absorbidos por nuestro organismo, contribuyendo a las calorías que aprovechamos de la dieta. Usted, por lo tanto, puede comer lo mismo que otra persona, pero captará más o menos cantidad de calorías en función, entre otros factores, de la acción de su flora intestinal.

Es interesante cómo, en estudios de laboratorio, ratones que nacen libres de flora intestinal desarrollan menos grasa corporal que los ratones normales, a pesar de que a los primeros se les dé una dieta con alto contenido en grasa y carbohidratos. Por tanto, los ratones que carecen de microbiota están protegidos frente al desarrollo de obesidad secundaria a dietas hipercalóricas. Por otra parte, cuando a estos ratones se les introduce la flora intestinal procedente de ratones obesos experimentan un claro aumento de grasa corporal, que no ocurre cuando se les introduce la flora intestinal de ratones delgados. Interesante, ¿verdad?

Estos estudios en animales de experimentación sugieren que la microbiota de los sujetos obesos tiene una mayor capacidad para captar energía de la dieta proporcionando además sustancias que, una vez absorbidas, promueven el desarrollo de tejido graso. El impacto de estos mecanismos en los seres humanos requiere sin duda de una mayor investigación. Sin embargo, el hecho de que la flora intestinal pueda ser modulada por componentes de la dieta, por la administración de determinados antibióticos, o por la ingesta de prebióticos y probióticos abre una vía enormemente interesante para la prevención y el tratamiento del sobrepeso y la obesidad, particularmente si las medidas tradicionales basadas en dieta y ejercicio físico no han sido eficaces. Pero de esto hablaremos el domingo que viene.